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Sedes

 

Apenas estás empezando esta maratón en la UBA y ya te encontrás con algunos problemas. Con el nivel educativo que traés del secundario se hace imposible poder aprobar algunas materias, a otras no le encontrás ninguna relación con la carrera que elegiste, tenés que aprobar Análisis I antes de hacer Historia Argentina aunque ya hayas aprobado Historia General, y la lista sigue… ¿A qué se debe tanta mala suerte?

En líneas generales se puede mencionar que la educación pública está atravesando una crisis generalizada. Aunque resulte increíble, el presupuesto que se destina desde el Estado a la educación pública es insuficiente hasta para los gastos indispensables. Esto se corrobora tanto para los secundarios como para la universidad.

En la UBA, el ahogo presupuestario hace que los recursos no alcancen ni siquiera para pagar un salario a todos los docentes que dan clases. Como consecuencia, el nivel académico desciende año a año ya que si el sueldo docente no alcanza ni para vivir, ¿cómo pretendemos que un profesor pueda formarse, perfeccionarse o incluso estar motivado para dar clases?

Además, esta falta de presupuesto hace que, por ejemplo la UBA, ponga todo su empeño en buscar formas de reducir la cantidad de ingresantes cada año. Por eso, existen materias denominadas “filtro” que muy poca gente logra aprobar. Por eso también la correlatividad en bloque. Es enorme la cantidad de gente que deja una carrera por trabarse en una materia de primer año. Entonces un consejo: pedile el mail al compañero que tenés al lado porque es posible que no lo vuelvas a ver en la Universidad.

Quienes gobiernan la UBA lógicamente no se quedan de brazos cruzados y en vez de exigirle más presupuesto al Estado, buscan otras formas de financiamiento: recursos que brindan grandes empresas (los famosos “recursos propios”). Obviamente, estas compañías no van a donar gentilmente su plata a la universidad sin buscar una contrapartida. En nuestra facultad en particular, la FCE, el 75% del presupuesto es aportado por capital privado (es la proporción más alta de toda la UBA). Como es de esperarse, esta dependencia económica genera la injerencia en las decisiones de la universidad de sectores externos a ella. Así es como, en 1997, se reformaron los planes de estudio sin consultar a ningún miembro de la comunidad educativa, orientando nuestra formación exclusivamente a las necesidades de estas empresas, olvidándose de cualquier otro ámbito de la sociedad en el cual podríamos desarrollar nuestros conocimientos.

¡Pero ánimo que no son todas malas noticias! Por suerte no somos pocos en esta Facultad los que no queremos que nuestra educación sea de esta forma y por eso te invitamos a charlar, discutir y que te sumes a participar para transformar esta realidad.

 

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